jueves, 14 de agosto de 2014

Apatía



Las esperanzas son piedras que se hunden en un lago . Hasta el fondo se dejan ver sus rostros exhalando la última luz de vida. Los peces de dientes afilados y ojos vidriosos lanzan de sus bocas burbujas de sangre. Es la sangre de una persona que desfalcó el amor de sus padres, de sus hermanos, de su pareja y sus amigos. Amigos a los que robo sus amores, amores a los que les robo el tiempo. Padres que perdieron la juventud tratando de hacer algo por esa masa amorfa sin aspiraciones, espantada de vida, asqueada de vivir como piedra, ser piedra en la que los demás tropezaron, ser mierda seca que ni los insectos aprovechan. Nunca obtienen nada de esa persona, porque siendo sinceros qué podría ofrecer sino desilusiones. A nadie le gusta batallar con la rutina. Y a su lado eran rutina, eran espesa cobija que hace sudar la espalda de la desidia, pan duro que no comieron por esperar a que hubiera leche fresca. Y cuando la lechita llegó esperaron a que hubiera chocolate, pero el chocolate nunca llegó, la leche se volvió agria y las moscas zumbaron por todas partes.  Se convirtió en el vapor insoportable de los días de calor, el vació de los silencios incómodos que nunca supo llenar, la ignorancia de temas profundos que nunca pudo comprender más que cayendo como roca al vacío, como cuerpo inerte, sin pensamientos propios, sin aspiraciones.

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